Autónomo — separar lo que es tuyo de lo que ya está comprometido
El problema del autónomo no suele ser ganar poco. Es que el dinero que entra en la cuenta no es todo suyo, y nada en el extracto lo indica.
Una factura de 3 000 euros no son 3 000 euros. Dentro hay IVA que hay que ingresar, una retención o un pago fraccionado de IRPF por delante, y una cuota mensual que se paga llueva o no llueva. Lo que queda —lo que realmente puedes gastar— suele ser bastante menos de lo que parece el día del cobro.
Los tres compromisos que ya tienen dueño
- El IVA. No es tuyo en ningún momento: lo cobras al cliente y lo ingresas en Hacienda trimestralmente. Es dinero que pasa por tu cuenta, no dinero que ganas.
- El IRPF. Si facturas a empresas, buena parte se retiene en factura. Si facturas a particulares, no hay retención y te toca hacer pagos fraccionados trimestrales.
- La cuota de autónomos. Se paga cada mes, tengas ingresos o no. Con el sistema por tramos de ingresos reales, además, puede regularizarse después.
Los tres tienen algo en común: son previsibles. Y sin embargo son la causa más frecuente del apuro de fin de trimestre, porque el dinero ya se gastó cuando toca ingresarlo.
La regla que resuelve casi todo
Hay un hábito que separa a los autónomos que van tranquilos de los que van justos, y no tiene nada que ver con facturar más: apartar en el momento del cobro, no al final del trimestre.
El día que entra una factura, mueve inmediatamente a una cuenta separada el IVA íntegro más un porcentaje estimado para IRPF. Lo que quede en la cuenta corriente es tu dinero de verdad, y puedes gastarlo sin pensar.
Funciona por una razón psicológica más que financiera: en la cuenta corriente, el dinero de Hacienda se parece al dinero disponible. En una cuenta aparte se parece a lo que es.
Cuánto apartar
El IVA es exacto: lo que hayas repercutido, menos el soportado deducible. No hay que estimarlo.
El IRPF sí requiere una estimación, y aquí conviene pasarse antes que quedarse corto. Un porcentaje prudente sobre el beneficio —ingresos menos gastos deducibles, no sobre la facturación— evita sustos. Si sobra al hacer la declaración, es una buena sorpresa; si falta, es un problema.
Y hay un cuarto apartado que casi nadie hace y que importa tanto como los otros tres: reservar para los meses sin trabajo. No tienes paro en el sentido clásico, ni pagas extras, ni vacaciones pagadas. Ese colchón no es un lujo; es la parte de tu sueldo que no te paga nadie.
El problema real: los clientes que pagan tarde
Puedes haber facturado un trimestre excelente y aun así no tener dinero el día 20, simplemente porque dos clientes se han retrasado.
Esto es lo que distingue la contabilidad de la tesorería. La contabilidad dice cuánto has ganado; la tesorería dice cuánto tienes hoy. Un autónomo puede ser rentable y quedarse sin liquidez al mismo tiempo, y es una situación más habitual de lo que parece.
Por eso el instrumento útil no es un presupuesto mensual, sino una previsión con fechas: cuándo esperas cobrar cada factura y cuándo tienes que pagar cada compromiso.
Ver los doce meses por delante
Es exactamente para lo que sirve la previsión de liquidez a doce meses de ZivaFinance. Introduces lo que ya sabes —los vencimientos trimestrales, la cuota, la fecha prevista de cobro de cada factura— y la aplicación proyecta tu saldo día a día.
Se aplica la regla «lo concreto gana al presupuesto»: para cada categoría y mes cuenta el mayor entre lo registrado y lo presupuestado, nunca la suma. Un pago trimestral que introduces en abril sustituye la línea presupuestaria de abril en lugar de sumarse a ella, y la previsión sigue siendo correcta.
Con ingresos irregulares esto cambia bastante las cosas. En lugar de descubrir el día 18 que no llegas, ves en enero que la segunda quincena de abril es el punto delicado, y todavía puedes hacer algo: adelantar una factura, retrasar una compra, o simplemente saber que no es momento de comprometerse a nada nuevo.
Un método que funciona
- Abre una cuenta separada solo para impuestos y cuota.
- El día que cobras, mueve allí el IVA íntegro más el porcentaje de IRPF.
- Añade un porcentaje adicional para los meses flojos.
- Registra los vencimientos trimestrales y la cuota como operaciones futuras con su fecha.
- Introduce cada factura emitida con la fecha prevista de cobro, no la de emisión.
- Revisa la previsión una vez al mes, no una vez al trimestre.
Gastos anuales que conviene tener fechados
Además de los trimestrales, hay un puñado de pagos grandes que llegan una vez al año y que suelen coincidir con el peor momento posible:
- El IBI, si eres propietario, normalmente en un único recibo.
- El seguro del coche y el de la vivienda, a menudo anuales.
- La declaración de la renta, que tanto puede salir a devolver como a pagar.
- La derrama de la comunidad si hay obras aprobadas.
- Los gastos escolares de septiembre, si hay niños en casa.
Sumados representan con facilidad más de un mes de facturación. Y rara vez están repartidos: en muchos hogares tres de ellos caen en el mismo trimestre. Ponerlos en la misma línea temporal muestra algo que ninguna media mensual revela.
En resumen
- Lo que entra no es todo tuyo: IVA, IRPF y cuota ya tienen dueño.
- Aparta en el momento del cobro, no al final del trimestre.
- Reserva también para los meses sin ingresos: nadie te paga las vacaciones.
- Con ingresos irregulares, la previsión con fechas vale más que el presupuesto mensual.
Preguntas frecuentes
¿Qué porcentaje debo apartar para impuestos?
El IVA es exacto y no se estima: repercutido menos soportado deducible. Para el IRPF, aparta un porcentaje prudente sobre el beneficio, no sobre la facturación, y peca de exceso antes que de defecto.
¿Necesito una cuenta bancaria separada?
No es obligatorio para un autónomo persona física, pero es la medida más eficaz que existe. Separar físicamente el dinero comprometido del disponible evita gastarlo sin darse cuenta.
¿Qué hago si un cliente se retrasa y no llego al trimestre?
Habla con la Agencia Tributaria antes del vencimiento: existen aplazamientos y fraccionamientos. La conversación previa siempre es más sencilla que el recargo posterior.
¿La cuota se paga aunque no facture?
Sí, mientras estés dado de alta. Con el sistema de tramos por ingresos reales el importe se ajusta a tu rendimiento y puede regularizarse después, pero la obligación mensual no desaparece por no facturar.
¿Por qué mi previsión no coincide con mi contabilidad?
Porque miden cosas distintas. La contabilidad registra cuándo emites la factura; la tesorería, cuándo entra el dinero. Con clientes que pagan a sesenta días, la diferencia entre ambas es exactamente tu problema de liquidez.